Estoy de acuerdo con algunas de las reflexiones críticas que suelen hacerse sobre el sistema universitario español.
La brecha entre la oferta formativa y las necesidades de las empresas. La lentitud en la implantación de los nuevos programas. La escasez de titulados en materias clave como tecnología e ingeniería. La elevada tasa de sobrecualificación. O la endémica falta de inversión. Todas ellas son ciertas. Pero también las empresas tenemos una responsabilidad en materia de formación.
En EY contratamos anualmente a cerca de 1.000 juniors, cada uno de los cuales recibe 105 horas de formación en su primer año en la Firma. Son más de 100.000 horas por ejercicio. Un dato que nos ayuda a visualizar el gap entre los conocimientos que adquiere un estudiante y lo que necesitamos las empresas.

Las compañías no podemos conformarnos con señalar las limitaciones y deficiencias de la universidad. Actuar para reducir la brecha entre formación y desempeño profesional es un RETO COMPARTIDO que exige VALENTÍA por parte de las universidades y GENEROSIDAD por parte de la empresa.
Valentía para entender que enfocar la formación a la empleabilidad no es una traición a la misión universitaria, sino la prueba más visible de su función social. Es un falso dilema (¡cuánto mal nos ha hecho el dualismo platónico!) tener que elegir entre la pureza de una academia orientada al conocimiento o la mercantilización de una universidad que busque la inserción laboral. Solo desde una visión rígida, dogmática, puede defenderse esta postura.
Generosidad para que las empresas renunciemos a un enfoque puramente transaccional en nuestra relación con las universidades. Esto no va de ponerle nuestra marca a un máster o una cátedra. Debemos aplicar la teoría del desinterés estético de Kant y actuar por el puro placer de contribuir a la mejora del sistema de formación, sin buscar en ello una utilidad práctica o la satisfacción de otras finalidades. Hacerlo porque está bien y ya está. Porque es un fin en sí mismo.

¿Mi receta para lograr una mayor convergencia entre universidad y empresa? Mejorar el conocimiento mutuo, más y mejor inversión, mejor gobernanza, reforzar el papel de los infrautilizados Consejos Sociales, apostar por la universidad dual y potenciar el conocimiento de las humanidades.
Reflexiones que he compartido en la presentación del ‘Informe CYD 2025’, de la Fundación CYD, que preside Ana Botín, y cuyas más que interesantes conclusiones podéis leer aquí: Informe CYD 2025.