Llegué a Málaga en 1997 con la ilusión de empezar en mi primer trabajo. Había conseguido que me contratara Ernst & Young, ahora EY, mi casa y mi familia. Éramos siete personas. Hoy somos 1.100 (no es un typo; somos 1.100 profesionales de EY en la ciudad). Muchos años después, veo lo que hemos construido y agradezco la suerte de haber podido disfrutar de una oportunidad así.

Ayer volví a Málaga y tuve el privilegio de conversar con Francisco de la Torre Prados, mi querido Alcalde de Málaga. La transformación que ha experimentado la ciudad en las últimas tres décadas no puede explicarse sin conocer la mirada larga, visión estratégica y desbordante energía y pasión de servicio público de él y del equipo que dirige. Este profundo cambio fue el motor de la apuesta que en EY hicimos hace años por la ciudad. Una decisión basada en la firme convicción de que era el mejor sitio para trabajar, innovar, emprender y disfrutar de un entorno social y cultural único.
Lo cierto es que Málaga es una ciudad esencialmente distinta a la que llegué en 1997. La ciudad es hoy un referente global de talento, innovación, tecnología y cultura que no ha perdido su identidad propia: las raíces fenicias de la pujante Malaka, su herencia romana, su rico legado andalusí. Málaga es un palimpsesto de civilizaciones y culturas donde caminan juntas tradición y vanguardia.

Gracias Francisco de la Torre Prados por acompañarnos en una nueva edición del #AndalucíaBusinessSummit. Gracias también a todos los asistentes y ponentes por hacer de éste el evento de referencia en el mundo de los negocios en la región. Y gracias y enhorabuena a Rafael Medina Pinazo, Alberto García Valera, Elena Merino Macho y resto del equipo por un evento y una organización excelentes